El caso entró a la oficina con la urgencia que solo tienen las empresas que acaban de descubrir que algo grave pasó. La directora comercial había renunciado sin previo aviso un viernes en la tarde. Dejó la MacBook y el iPhone corporativos sobre el escritorio. No contestó llamadas. No contestó correos. Cuando el área de sistemas encendió la laptop el lunes siguiente para reasignarla, encontraron lo que nadie quería encontrar: los dispositivos estaban vinculados a una cuenta personal de iCloud que no pertenecía a la empresa.